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Mostrando las entradas de abril, 2013

Carta indirectamente directa

Entre mis escritos sé que hay alguno para tí, no esperes que lo recuerde, pero sé que está por aquí. Entre las hojas sueltas del libro, tal vez, o por debajo de las almohadas abandonadas. Un escrito que decía mucho, y a la vez nada... Como ahora. Por qué jugamos un juego innecesariamente absurdo como para venir a protestar ahora. El tiempo está, ya pasó, ya se fué; y mientras tanto me olvidaste, te olvidé. Y con aquello, según tú - tal vez -, según ellos, me equivoqué. ¿Equivocarse por qué? Prejuicios, nadie entendería. Y quien pretenda entenderlo, no estará al tanto de la realidad, una realidad pseudo-absoluta, completa, y pura. Si bien ya pasó, tenía que decirlo... Eres más de lo que eres ahora, y aquello no sería tan terrible. Pero hay un pensamiento absurdo, medio burdo, irreal, omitible, desechable y cambiable. Dale, dí que sí; sólo demos un paseo y nada más.

Feliz tú; Feliz mí.

Quise hacerte sonreír, pero no contaba con que al hacerte yo sonreír, yo sonreiría más por tu felicidad.

Ganas

Tengo ganas de quererte. Y en las ganas no me quedo.

Espera.-

Sí, tal vez tienes el don de hacerme escribir con las ganas que antes lo hacía. Para bien o para mal, escribiré. Porque así puedo decirte todas estas palabras indirectamente, como mensajes secretos. Si estás o no estás, será lo que tenga que ser. Yo estoy aquí, esperando nada, esperando algo, esperando todo. Tan sólo espero.

Confesión.-

Tengo que confesarte que lloré. Mala idea es retroceder en el tiempo y encontrar detalles importantes. Tengo que confesarte que me equivoqué. Me equivoqué al mirarte y dejarte pasar. Me equivoqué al ser impaciente. Tengo que confesarte que, como sea, ya me equivoqué. Tengo que confesarte que esto siempre existió en mí, y lo dejé caer. Tengo que confesarte un montón de detalles importantes. Tengo que confesarte que no quiero equivocarme de nuevo. Que quiero lo que quiero porque realmente lo quiero. Tengo que confesarte que a tí te quiero, como así también debo confesarte que tal vez siempre fue así. Lloré porque me equivoqué, y tengo que confesarte también que lloré porque aún no es tarde. Tengo que confesarte que pensé que esto ya no existía en mí, así como también debo confesarte que me equivoqué con ello. Tengo que confesarte que lloré; lloré por tí, por mí, por todo. Pero al final: sonreí.

Te recuerdo con una sonrisa

Si bien nada está escrito, existía un boceto de aquello. Dentro mío, dentro tuyo, quién sabe, quizás en una cueva subterránea; pero existía. Un boceto del momento, con siluetas entrecortadas, un trabajo no terminado, pero existía. Un trabajo no terminado que por fin agregó colores a la historia que cuenta. Colores, aromas, sonidos, todo. Pretendo dejarle lo que siga al viento, y a los sonidos que nos rodean. Pretendo dejar esto a la vida que me recuerda que contigo me sentí viva. Pretendo dejarle esto a la calma que se creó en el espacio interior. Como sea, cuando te recuerdo: te recuerdo con una sonrisa.