Ángel urbano

Llegó, se preocupó, los espantó, nos salvó. Luego de esos intensos segundos, y de hacernos bolita, nos calmó. Llegó de la nada y del todo, para luego decirnos palabras bonitas. Decía que debíamos cuidarnos. Nos dijo que somos la esencia, que somos Dios, que nos queramos, que seamos felices y nos bendijo. Eso recuerdo, fue como una especie de permiso divino para todo aquello. 

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